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Cantabria
 
 

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Hotel Posada Casa de Don Guzmán. Vega de Pas (15 kilómetros)

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CERCA DE SELAYA
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MAPA DE SELAYA
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Selaya

    Selaya, a 45 kilómetros de Santander, es el pueblo con la mayor oferta de servicios y la mayor concentración de población del Valle de Carriedo que se caracteriza por su dispersión. Con alrededor de 1.700 habitantes, concentra las tres cuartas partes de los del municipio que cuenta con otros tres núcleos de población: Bustantegua, Campillo y Pisueña.
    Este último se encuentra en la cabecera del
    río Pisueña, principal afluente del río Pas y que da nombre a los valles que atraviesa, valles del Pisueña, siendo sucesivamente el valle de Carriedo, el valle de Cayón y el valle de Castañeda, ya en la confluencia con el río Pas. Pisueña ofrece espectaculares paisajes rurales en los que los prados se alternan con el arbolado, como en todo el valle de Carriedo, y presididos por los Picones de Sopeña de algo más de 1.200 metros de altitud y en cuya ladera nace el río.

    (véase el mapa de Pisueña)

    Los tres núcleos de población (Bustantegua, Campillo y Pisueña) además de presentar una población dispersa, se encuentran en alto sobre la capital municipal, Selaya, lo que hace que su visita ofrezca muy bellas panorámicas sobre el valle de Carriedo, sobre los Picones de Sopeña y sobre el Castro Valnera (en el vecino Valle del Pas) desde las zonas más altas. Vistas que igualmente resultan espectaculares desde el puerto de la Braguía, que comunica Selaya con la Vega de Pas, o desde el Alto del Mojón en la carretera que va de Selaya a San Roque de Riomiera (siendo recomendable desde este alto el alcanzar la cota de El Caracol a 898 metros).

    La vecindad con San Roque de Riomiera y con la Vega de Pas es lo que confiere a Selaya su "pasieguería", ya que no siendo estrictamente una villa pasiega (las tres villas pasiegas son: Vega de Pas, San Roque de Riomiera y San Pedro del Romeral) se produce una confluencia sobre todo en las zonas más altas donde la cabaña típica del valle de Carriedo se aproxima a la cabaña pasiega, adoptando también el tejado de lastras, frente al tejado de teja del valle de Carriedo. Y en otros usos y costumbres que pasan por un habla similar o en la utilización de técnicas e instrumentos de labor como el cuévano, por ejemplo.

    Aunque el nombre Selaya (lugar de prados) tiene un origen muy remoto, prerromano, apenas se tienen constancias documentales hasta la Edad Media en la que se señala en el lugar la existencia de una torre (forma disminuida de Castillo que caracteriza la Edad Media de Cantabria) que se suele identificar con la torre que es el núcleo del Palacio de Donadío o de La Colina, frente a la espectacular bolera y sus imponentes plátanos.

    El palacio de La Colina, y las monumentales casas de Miera, la de Linares o la de Abascal Zorrilla son construcciones de los siglos XVII y XVIII, siendo el palacio de La Colina el que ofrece un aspecto más palaciego. Construido a comienzos del siglo XVII, perteneció a Hernando de Arce, "Señor de la Casa de la Colina", secretario de Estado de Felipe IV. Otro propietario, a mediados del siglo XVIII, fue don Íñigo de Velandía de Arce y Arellano, Marqués de Tejada, Conde de San Llorente, Gran Prior de San Juan, General y Gobernador de Milán y Virrey y Capitán General de Navarra. Siendo adquirido en 1.834 por el Marqués de Donadío, Ángel Fernández de Liencres, originario de Selaya, liberal moderado, que fue nombrado marqués de Donadío por el absolutista Fernando VII en 1832, ya en su agonía, con el afán de atraerse a los liberales más conservadores a la causa de su hija Isabel II. El marqués de Donadío fue alcalde de Úbeda y completó su fortuna al casarse con una aristócrata viuda de inmenso caudal, María del Buen Consejo de Carvajal Gutiérrez de los Ríos, IX Señora de la Dehesa de Torralba y XVII Señora de Bucor por muerte sin sucesión de su hermano Francisco de Paula. Vizcondesa de Sancho Miranda, Dama de la Orden de María Luisa, Alférez Mayor de Baza y Alcalá la Real, regidor perpetuo de Úbeda, derecho que disfrutó su marido. Tres años antes de comprar el palacio de La Colina, el marqués de Donadío había comprado en Úbeda el palacio renacentista del deán Ortega, edificio que es Parador Nacional de Turismo desde 1930.

    Construido el palacio de Donadío en torno a una torre medieval, su fachada, al modo herreriano, carece de adornos concentrando la decoración de gusto renacentista en la puerta y balcón principal. Más del gusto barroco es la portalada que da acceso al recinto amurado de la finca, así como los cubos que rematan las esquinas del muro.
    En Selaya hay hasta doce (cuatro en Donadío) de estos cubos declarados monumento. Se trata de unos monolitos de talla cilíndrica y decoración barroca con escudo tallado y que se situaban en las esquinas de los muros que cerraban el recinto de las casas señoriales. Datan del siglo XVIII como reminiscencia medieval señalando los lindes de la propiedad.

    En conjunto con los cubos se declaró monumento un rollo, que se diferencia de los cubos por estar exento, sin formar parte de un muro. El escudo es del apellido Sámano con alianzas con los apellidos Miera, Rebollar y desconocido, siendo el Sámano de Selaya más notable don Juan José de Sámano Uribarri y Rebollar, que en 1818 era Virrey y Capitán General de Nueva Granada. Aparte de no estar adosado a un muro, este rollo presenta la peculiaridad de tener en su parte baja una hornacina con una serie de imágenes: un Cristo crucificado, San Francisco, rescatando almas del purgatorio, la Virgen de la Soledad y la Virgen de Valvanuz, patrona del valle, resultando así una doble función de él: como rollo heráldico y como humilladero. Aparte del rollo, son varios los humilladeros que se conservan en Selaya y en el valle de Carriedo.

    El patrimonio religioso de Selaya cuenta con varias ermitas; la de San Bartolomé, la de San Roque, San Esteban y la de Nuestra Señora de las Nieves, ésta en Pisueña. Y la iglesia de San Juan Bautista y la ermita de Nuestra Señora de Valvanuz, ambas del siglo XVII, habiendo sufrido variaciones y añadidos, la iglesia de San Juan fundamentalmente en el siglo XVIII y la ermita de Valvanuz hasta la actualidad; el último añadido reciente el coro. El Santuario de Valvanuz es lugar de una importante romería el 15 de agosto con profusión de trajes, bailes y deportes rurales típicos, como el popular salto pasiego que se realiza utilizando una buena vara de avellano a modo de pértiga y que recoge el uso de cómo moverse y sortear obstáculos en la adaptación de la vida cotidiana al medio. Ésta práctica del salto pasiego fue tan popular que en 1881 se estrenó en el Teatro de la Zarzuela la obra "El salto pasiego" con libreto de Luís Eguilaz y música de Manuel Fernández Caballero, llegando a representarse con notable éxito en latinoamérica.
    Junto al Santuario de Valvanuz se encuentra la Casa de la Beata que se usaba por una mujer encargada del lugar y que se ha convertido en museo dedicado a las amas de cría pasiegas, que antaño fueran famosas como amas de cría de algunos nobles de la corte (visitas: viernes, sábados y domingos; visitas concertada mediante los teléfonos: 942 52 82 73 - 615 818 788)

Selaya
Pisueña y los Picones de Sopeña
Sopeña y Castro Valnera desde San Bartolomé
Paisaje desde el puerto de La Braguía
Palacio de Donadío o de La Colina
Rollo heráldico con humilladero
Iglesia de San Juan Bautista Selaya
Cristo barroco del humilladero hacia Pisueña
Santuario de Valvanuz y Casa Museo de la Beata
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