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Cantabria
 
 

GUÍA TURÍSTICA DE SANTILLANA DEL MAR CANTABRIA. QUÉ VER EN SANTILLANA DEL MAR. HOTELES, APARTAMENTOS, CASAS RURALES Y POSADAS EN SANTILLANA

SANTILLANA DEL MAR

QUE VER EN SANTILLANA DEL MAR

Qué ver en Santillana del Mar
Palacio de Benemejís (de Caja Cantabria)

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La Dársena del Pescador, Suances
La Casa Nostra, Suances

FOTOS DE SANTILLANA DEL MAR
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MAPA DE SANTILLANA DEL MAR
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CERCA DE SANTILLANA DEL MAR
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Santillana del Mar

 
A Santillana del Mar se llega por tres caminos, pero desde ninguno de ellos es posible imaginar el encanto y la belleza de esta villa medieval. Santillana del Mar vivió durante siglos olvidada y esa fue la impresión que, en 1876, le causó a Pérez Galdós: "Salimos de Santander y nos detuvimos en Santillana, la villa muerta como Brujas, dormida, mejor, en el remanso de la historia. Todo era soledad y silencio...Ni paso de hombre ni de bruto turba el sosiego majestuoso que rodea aquellas venerables casas. Allí como entre cartujos, todo se dice con la expresión de la fisonomía; nada se habla". Santillana ya no es la villa silenciosa y solitaria de finales del siglo XIX; miles de visitantes llegan a ella cada año atraídos por una fama que, ya en 1938, hizo decir a Jean-Paul Sartre, a través de su personaje de La Náusea, que Santillana es el pueblo más bonito de España.
Sin hacer una afirmación tan rotunda, puede decirse que Santillana es un bellísimo museo vivo de la arquitectura de los siglos XII al XVIII que debe admirarse en su conjunto, aunque resulta innegable que la plaza con sus torres y la
colegiata románica son las construcciones que más llaman la atención. Pero Santillana es también sus calles, y las docenas de tiendas para turistas, en las que más de un despistado adquiere como cosas típicas de la región una cerámica de Talavera o una navaja de Albacete. Santillana es, también, eso.
A la villa se accede por una única calle que pronto se bifurca,de modo que cada uno de sus dos ramales conducen respectivamente a
la plaza y a la colegiata. Pero ya antes de que la calle de Santo Domingo se divida en dos, aparecen a los lados de la misma sendas casas-palacio con su correspondiente jardín, buena muestra de la elegante arquitectura del siglo XVIII.
Tomando la calle de la izquierda, que es la que conduce hacia la plaza, se suceden una serie de construcciones más sencillas, aunque casi todas ellas blasonadas, que, en su mayor parte, datan del siglo XVII. Fueron estas viviendas de hidalgos montañeses que, sin gozar de grandes rentas, no dejaron por ello de alardear de tanta nobleza como los más poderosos. Buen ejemplo de ello es la casa de uno de los miembros de la familia de los Quirós, pues si bien en su escudo ya había una leyenda grandilocuente que afirmaba: "Después de Dios, la casa de los Quirós", aún  llegó más lejos tolerando aquella otra falsa leyenda, popularmente transmitida, que rezaba: "Antes que Dios fuera Dios, y los peñascos, peñascos, los Quirós fueron Quirós y los Velascos Velascos".
La plaza está constituida por un espacio de forma más o menos triangular y a ella se abren algunos de los más atractivos edificios de Santillana. Llegando desde la calle Juan Infante, a la derecha, queda el parador de turismo Gil Blas, antigua casa de los Barreda-Bracho, construida en el siglo XVIII con su escudo y correspondiente leyenda, fruto más de la imaginación que de la realidad histórica: "Bracho fuerte, que a Italia dio terror y a Sforcia muerte". Frente al parador, cuya denominación recuerda al personaje literario de Alain-René Lesage, Gil Blas de Santillana, a quien su autor dio estas tierras como lugar de nacimiento, se encuentran las llamadas casa del Águila y casa de la Parra, propiedad hoy del Gobierno de Cantabria en las que se suelen organizar exposiciones en general de no mucho interés y no muy bien organizadas. 
Algo más adelantada hacia el centro de la plaza, otra casona del siglo XVIII es hoy la sede del
Ayuntamiento. Al fondo, en la parte más baja de este espacio triangular en el que se celebraron los mercados semanales, desde que en 1209 Alfonso VIII le diera fuero a la villa, aparece la torre de Don Borja y junto a ella las casas que con el tiempo se fueron añadiendo a la construcción principal. La torre de Don Borja es una de las edificaciones más nobles de Santillana; fue levantada a finales del siglo XIV o quizás más probablemente a comienzos del XV, y a pesar de haber sido modificada posteriormente con la apertura de los balcones y las ventanas, aún mantiene ese aire de obra gótica fortificada. Dispone de un soportal al que se accede a través de un arco apuntado, y la fachada contiene dos discretos escudos que, perteneciendo a una nobleza de gran raigambre, quedan empequeñecidos por los imponentes blasones que en otras casonas se tallaron en tiempos más tardíos.
La torre de Don Borja perteneció a la familia de los Barreda, uno de los linajes más poderosos de Santillana y es en la actualidad, con las casas que la flanquean, sede de la
Fundación Santillana. Las actividades de esta institución se iniciaron en 1981, después de haber llevado a cabo, en el conjunto de edificios que ocupa, una rigurosa restauración que mereció el Premio Europa Nostra. La Fundación Santillana organiza exposiciones de entrada libre, lo que permite admirar el interior de la torre con su pequeño patio en torno a la escalera, procedente de una reestructuración del edificio realizada en el siglo XVI.
La última gran construcción de la plaza, y también la más antigua, es la llamada
torre del Merino, conocida popularmente como la torrona. Situada en el ángulo que se abre al callejón de las Lindas, esta edificación maciza y tosca fue levantada en el siglo XIV como residencia fortificada de los merinos, administradores que representaban en la villa los intereses de los reyes; de ahí su denominación de torre del Merino y la ausencia en ella de escudos nobiliarios. Magníficamente conservada, y sin haber sufrido apenas modificaciones, esta construcción de evidente carácter militar es de planta cuadrada y está constituida por tres pisos, el último de los cuales se ganó cuando la antigua azotea almenada fue cerrada con el tejado a cuatro aguas que cubre la construcción. El gran ventanal de la segunda planta fue en su día puerta de salida a los cadalsos, esto es, a una estrecha plataforma de madera, a modo de balconcillo, que a esa altura rodeaba la torre permitiendo la vigilancia y la defensa de la misma. En su interior, la torrona aún ofrece el tipo de estructura originaria, constituida por un gran pilar central de madera en el que se va apoyando la viguería de los distintos pisos, que siempre fueron diáfanos.
De la plaza se puede y se debe salir por el estrecho callejón de las Lindas para desembocar justamente donde se inicia la calle del Cantón, uno de los cuatro nombres que recibe la vía que conduce hasta la colegiata.
La calle del Cantón presenta un atractivo conjunto de casas de los siglos XV,XVI y XVII, construidas algunas totalmente en piedra, mientras que otras presentan en su piso superior fachadas de ladrillo con entramado de madera. En la parte baja de la calle destaca la casa gótica de Leonor de la Vega, madre del primer
Marqués de Santillana. Realizada en el siglo XV, esta vivienda, magníficamente conservada, dispone de una fachada en la que sobresalen la puerta de arco apuntado con moldura y las cuatro ventanas superiores enmarcadas, así mismo, por una moldura que se une a la altura de los dinteles para dar cobijo a los escudos de armas de los Vega. La grandeza del edificio reside en la sencillez de sus formas y en la armonía de sus elementos; sin ser la de mayor tamaño es, posiblemente, la más bella de las construcciones civiles de Santillana. La calle del Cantón termina con la casa de los Villa, conocida también como la casa de los hombrones por los dos bigotudos caballeros que sostienen el enorme blasón de la fachada.
Antes de llegar a la
colegiata, la calle del Cantón se transforma en la calle del Río; el cambio de denominación no es caprichoso ya que, efectivamente, un riachuelo la cruza, después de abastecer de agua al lavadero y al abrevadero instalados en el centro de la vía pública. Frente a éste se encuentran las casonas de los Cossío y los Quevedo, en cuyas fachadas lucen los escudos de sus correspondientes linajes; siendo el de los Cossío, con los leones rampantes que lo sostienen, otra bella muestra de la heráldica montañesa.
Ya junto a la
Colegiata se halla la que durante años fue casa de los abades, propiedad después de los Barreda-Bracho y que a comienzos de este siglo pasó a serlo de la archiduquesa Margarita de Austria, quien añadió en la fachada sus propios blasones familiares.
Frente a ella se encuentra el museo Jesús Otero, escultor local recientemente fallecido cuya obra fundamental podría ser considerada como neorrománica por su peculiaridad estilística.
Santillana del Mar. Calle de Juan Infante
Tramo final de la calle Santo Domingo e inicio de la calle Juan Infante
Santillana del Mar. Cantabria. Casa Típica
Balcones floridos en la Plaza Mayor
Santillana del Mar: Torre del Merino
Torre del Merino en la plaza Mayor
Santillana del Mar. Calle del Cantón
Calle de la Carrera desde la calle Cantón
Santillana del Mar. Calle del Río
Calle del Río
Santillana del Mar
Santillana del Mar bajo la lluvia
Santillana del Mar. El Ayuntamiento
  Ayuntamiento de Santillana del Mar
 
 
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