En varias ocasiones, Santander ha sido designada por la
prensa especializada como la ciudad española que
mejor calidad de vida ofrece. Tal vez ello se deba a que
es suficientemente grande como para disponer de cuanto
pueda desearse, pero sin llegar a perder esa dimensión
humana del paseante que desea recorrerla.
Santander ofrece además, a través de su
bahía y de sus playas, esa conjunción entre
ciudad y naturaleza que consigue imponer un ritmo más
sereno al habitual agobio de la vida ciudadana.
La belleza indiscutible de su entorno natural ha sido
la causante de cierta armonía en su arquitectura,
de su tendencia a la limpieza, de su deseo de integrar
en jardines y paseos algo de esa naturaleza que jamás
necesitó de arquitectos ni de ordenanzas municipales
para ser fiel a sí misma.
Por todo ello, Azorín, que caracterizó su
obra literaria por la concisión y elegancia de su
lenguaje, afirmó que "Santander es la ciudad
ideal para expresar con palabras sencillas el encanto que
tienen las cosas ".
Para ir descubriendo el encanto que tienen las cosas en
Santander, esta guía
ofrece en las páginas
siguientes tres itinerarios. En el primero se recorre Santander sin
alejarse de la orilla del mar; así, desde las
calles que miran a la bahía,
en el centro de la ciudad, se llegará a la Península
de la Magdalena,
a El
Sardinero, a la Playa
de Mataleñas y, por último.
al Mirador del Faro y su Museo.
En el segundo se buscarán,
adentrándose por las calles de la ciudad, lugares
relacionados con la cultura, sin olvidar rincones cargados
de otros intereses. Y, por fin, el tercero no es exactamente
un itinerario, sino que son unas excursiones que pretenden
dar a conocer ese entorno que es la Bahía
de Santander y que, en cierto modo, forma parte de la ciudad.
Por la orilla del mar.
Este primer itinerario tiene su punto de partida en el
Paseo de Pereda, y como
destino el Faro de Santander;
supone por tanto un recorrido de unos diez kilómetros.
Sin embargo, y a pesar de la distancia, lo más recomendable
es transformarlo en un largo paseo y olvidarse de las prisas
para disfrutar del Santander bonito
que mira a la bahía,
que se hace elegante y residencial en la Avenida
de Reina Victoria o en el Paseo
de Pérez
Galdós, de resonancias
reales o universitarias en la Península
de la Magdalena y turístico y bullicioso en El
Sardinero,
para terminar siendo agreste y salvaje en la Playa
de Mataleñas y en el
Faro de Cabo Mayor.
En este itinerario, primordialmente paisajístico,
se ha incluido además la posible visita al Museo
Marítimo del Cantábrico, ya que por su temática
y sus fondos es un buen complemento a este paseo junto
al mar.
Para ver todo ello bastarán unas cuatro horas y
media, y ,si el recorrido se inicia a media mañana,
puede planificarse de manera que a la hora de comer se
llegue al Sardinero, donde es fácil encontrar un
lugar adecuado para reponer fuerzas. Quienes sean más
madrugadores podrán llegar a El
Sardinero a la hora
oportuna para tomar lo que en estas tierras se llama las
once, es decir, el primer aperitivo.
Una vez finalizado el recorrido, y si se ha optado por
hacerlo caminando, es posible regresar al centro de la
ciudad utilizando los autobuses urbanos que circulan en
esa dirección, desde la Plaza
de las Brisas.