Santander no es una ciudad monumental. Es. sin duda. una
ciudad cómoda para vivir, donde no faltan agradables
zonas para pasear: dispone del atractivo de varias playas
en el mismo núcleo urbano; puede llegar a ser, sobre
todo en verano, alegre y divertida. Es innegable que la Universidad Menéndez Pelayo y el Festival Internacional hacen de ella, cada estío, un centro cultural de
primer orden; pero ciertamente no es monumental. Las razones
que explican este hecho son sencillas. Durante la Edad
Media el lugar no fue más que un puerto pesquero
en el que se construían buques y al que, de vez
en cuando, llegaba una embarcación cargada de mercaderías.
A lo largo de esos siglos medievales, la villa, a duras
penas. alcanzó a ser más que unas docenas
de casas en torno a una iglesia colegiata. El título
de ciudad no le llegó a Santander hasta mediados
del siglo XVIII y aún entonces no era mucho más
grande de lo que habla llegado a ser a finales de la Edad
Media.
Santander es, pues, una ciudad reciente. que se configura
como gran urbe hace poco más de un centenar de años
y que todavía, en 1941, hubo de sufrir un gigantesco
incendio que arrasó, precisamente, la parte más
antigua del casco urbano. A pesar de todo ello, Santander tiene su catedral, museos de interés, la importante Biblioteca de Menéndez Pelavo. su famosa plaza Porticada y algunos edificios e iglesias cuya arquitectura. aunque
no demasiado antigua es de buena obra.
La Catedral
A mediados del siglo XVI Joris Hoefnagel hizo para la
obra Civitates orbis terrarum (Ciudades alrededor del mundo)
un dibujo de Santander en el que puede contemplarse la
que entonces era Iglesia de los Cuerpos Santos y que hoy
es la Catedral de la ciudad. Las diferencias que se observan
entre la imagen del pasado y el actual edificio son notables.
Ello se debe a la reconstrucción que siguió al
incendio de 1941, en el que la Catedral fue pasto de las
llamas. Entonces, quienes se encargaron de las obras no
se limitaron a rehacer lo destruido, sino que también
realizaron añadidos con un criterio muy poco acertado.
La actual Catedral de Santander se construyó sobre
los restos de una antigua iglesia abacial dedicada a los
mártires San Emeterio y San Celedonio. cuyos cuerpos
o, al menos sus cabezas se decía que guardaba como
reliquias. Según la tradición. en tiempos
del emperador Diocleciano estos santos fueron martirizados
en Calahorra y sus cabezas arrojadas al Ebro; aquéllas,
de forma milagrosa, siguieron el curso del río y,
a través del mar llegaron hasta la bahía
de la villa marinera. Aún hoy, esas cabezas blasonan
el escudo de Santander, siendo además el nombre
de uno de aquellos mártires el origen del topónimo
Santander (Sancti Emetherii-Sancti Emderi-Sante Endere-Santendere).
La primitiva abadía fue transformada en colegiata
en tiempos de Alfonso VIII; poco después, se iniciaron
las obras del actual edificio.
La catedral está constituida por dos templos superpuestos,
actuando el inferior como cripta del superior. A la iglesia
baja o capilla de El Cristo —llamada así por
el Cristo crucificado que preside su altar Mayor— se
accede por una puerta situada bajo la galería de
arcos apuntados que soportan el muro norte de la catedral.
Esta cripta se comenzó a construir a principios
del siglo XIII por iniciativa del abad Juan Dominguez.
Estilísticamente responde a los primeros momentos
de la arquitectura gótica; está constituida
por tres naves de cuatro tramos, con sus correspondientes ábsides
comunicados entre sí. La altura de las naves apenas
alcanza los cuatro metros, pues sus bóvedas de crucería
están formadas por arcos ojivales.
La escasa altura de la construcción, así como
los recios soportes que la sustentan, hacen que la oscura
cripta de El Cristo transfiera más la sensación
de recogimiento e interioridad del románico que
la grandeza exultante del gótico.
Bajo el suelo de la nave del Evangelio se encontraron,
en unas excavaciones realizadas entre los años 1982 y 1983, restos de construcciones de diferentes épocas
que hoy pueden contemplarse a través del pavimento
acristalado que se instaló una vez concluida la
excavación. Entre los restos hallados destacan los
de época romana, probablemente del siglo IV.
La iglesia de El Cristo, tanto por la pureza de sus formas
como por su estado de conservación, es la parte
más interesante de la catedral, además del
monumento más antiguo de la arquitectura santanderina.
Exteriormente, el conjunto formado por la cripta y la
iglesia superior ofrece más sensación de
fortaleza que de catedral gótica; ayudan a ello
la lisura de los muros, los robustos contrafuertes y la
maciza torre que se levanta a los pies del templo.
A la iglesia superior se accede a través del claustro situado en el lado sur.
En el interior, el templo está constituido por cuatro
naves de diferente altura y anchura, siendo la situada
en el lado norte un añadido posterior. La obra gótica,
a la que corresponden la nave central v las dos laterales,
debió de iniciarse a finales del siglo XIII o a
comienzos del XIV. También entonces se levantó la
torre, mientras que las capillas laterales fueron añadiéndose
a lo largo de los siglos XV, XVI y XVII. Algunas de éstas
disponen de enterramientos con escudos de armas e inscripciones
de cierto interés. Toda la cabecera del templo corresponde
a la reedificación realizada tras el incendio de
1941. Entre los objetos más curiosos que pueden
verse en la catedral destaca una pila de agua árabe
decorada con una inscripción cúfica (escritura
ornamental árabe de caracteres angulosos), y que
ahora hace las veces de pila de agua bendita. Esta pieza
se encuentra junto a la puerta de la sacristía y,
según la tradición, fue traída desde
Sevilla en el siglo XIII como trofeo de la campaña
reconquistadora en la que participaron navegantes cántabros.
La catedral.contiene además, en el ala norte del
crucero, el mausoleo de Marcelino Menéndez Pelayo;
su autor fue el escultor Victorio Macho y en él
se representa la figura yacente del ilustre polígrafo
con un libro abierto sobre el pecho en el que puede leerse:
"¡Qué lástima tener que morir
cuando me queda tanto por leer!". Esta frase fué pronunciada
por Menéndez Pelayo cuando se encontraba agonizando.
El conjunto catedralicio se completa con el sencillo claustro
gótico de planta casi cuadrada. cuyo jardín
fue, en época medieval, cementerio de la villa.