Los jardines y el Paseo de Pereda
Están situados al comienzo del Paseo
de Pereda;
contienen los monumentos dedicados a
los novelistas cántabros José María
de Pereda y Concha Espina. El de Pereda fue realizado por
el escultor Coullant Valera quien, mezclando piedra y bronce,
no sólo retrató al escritor, sino que también
escenifica algunos de los pasajes de sus más famosas
novelas.
En el Paseo de Pereda destaca la unidad estilística
de las construcciones de lo que en su día fue el
ensanche del viejo núcleo urbano: y en la bahía
es donde Santander entra en contacto con la naturaleza.
Merece detenerse y, si el día es claro, contemplar
cuanto puede verse desde la orilla. Al otro lado de la
masa de agua aparecen, en primer término, los pueblos
de Somo y Pedreña: más hacia la derecha se
eleva Peña Cabarga, cuyo mirador destaca sobre la
cumbre; y por detrás de todo ello surgen las cumbres
de la zona de Alisas, que en invierno suelen cubrirse de
nieve.
En el tramo de muelle que corresponde a este paseo se encuentran,
además, la vieja Grúa de Piedra, el Palacete
del Embarcadero y el atracadero del servicio de lanchas
que cruzan la bahía. La Grúa de Piedra recibe
ese nombre por la base sobre la que está montada
y es testigo de la actividad portuaria que en esta parte
del muelle se desarrollaba hace años; el Palacete
del Embarcadero, que durante mucho tiempo fue la dependencia
de la aduana, se ha convertido en sala de exposiciones
adscrita a la Junta del Puerto
de Santander; y, por lo
que respecta a la línea de lanchas que cruzan la
bahía, conviene señalar, a modo de curiosidad,
que tuvo su origen como servicio de transporte de leche
para el abastecimiento de la ciudad.
Puerto Chico y el Palacio de Festivales
Al final del Paseo de Pereda se
encuentra el Real
Club Marítimo, situado en la bahía,
al comienzo del espigón que da lugar al puerto
deportivo conocido como Puerto
Chico. El Real
Club Marítimo es una
de las mejores muestras de la arquitectura racionalista
santanderina y la Dársena
de Molnedo, que fue durante
muchos años el puerto pesquero de la ciudad, pasó a
ser denominado Puerto Chico cuando
se construyó la
gran Dársena de Maliaño, al final de los
muelles del mismo nombre.
Desde cualquier punto de Puerto
Chico o de la calle Castelar se
deja ver el moderno y monumental Palacio
de Festivales.
La obra, realizada por Francisco
Javier Saenz de Oiza,
había
sido durante años una de las pretensiones
constructivas de la ciudad que parecían no llegar
nunca y ello acompañado de la consiguiente polémica.
Las razones de su construcción no eran otras que
el deseo de encontrar un marco adecuado al Festival
Internacional de Santander, que desde 1952 a 1990 tuvo su sede en el
eventual escenario que año tras año se montaba
y desmontaba en la Plaza Porticada. La polémica
surgió entre los defensores de este tradicional
marco y su carácter popular y los que deseaban para
el Festival Internacional algo más adecuado.
Museo
Marítimo del Cantábrico
Abierto en 1981 y dependiente de la Comunidad
Autónoma
de Cantabria, este pequeño museo está organizado
a partir de cuatro secciones: biología marina y
acuarios, etnografía pesquera, historia marítima
y barcos tradicionales.
Para el visitante no especializado quizá sean la
primera y la última las secciones más atractivas.
Entre las muestras de biología marina merece destacarse
la colección de esqueletos de cetáceos, algunos
tan imponentes como el de una ballena de 24,5 metros de
largo, además del de un cachalote, una orca y varios
delfines. Los acuarios ofrecen la oportunidad de contemplar
algunas especies vivas de tortugas, pulpos o pequeños
tiburones. En la sección de barcos tradicionales
pueden verse algunas embarcaciones populares de la costa
cantábrica y unas bellas maquetas de barcos de varias épocas.