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Cantabria
 
 

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CASTRO URDIALES

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Castro Urdiales

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CERCA DE CASTRO URDIALES

MAPA DE CASTRO URDIALES

 

 

Castro Urdiales

La historia de esta villa, marcada hoy por su carácter residencial y veraniego, tiene su origen en el asentamiento romano de finales del siglo I conocido como Flaviobriga, y que es muy posible que coincidiera con el más antiguo de Portus Amanus, ocupado por tribus indígenas. Pero, aunque son varios los hallazgos encontrados de época romana, también son escasas las noticias que de ese período se tienen. La historia más documentada del lugar se remonta al siglo XI, poco antes de que Alfonso VIII le concediera el fuero que le daba el título de villa y con el que entraría a formar parte de la denominada Hermandad de las Cuatro Villas de la Costa del Mar.
A lo largo del siglo XIII, Castro Urdiales vivió, como las otras tres villas del mar, un período de expansión fundamentado en sus actividades comerciales; pero antes de que finalizara la centuria siguiente se inició una época, marcada por los incendios y las pestes, que diezmó la población castreña. A esta situación de crisis se añadió, poco tiempo después, la dura competencia del puerto de Bilbao, cuyos intereses chocaban con los de Castro Urdiales.
El siglo XIX significa un nuevo período de auge, potenciado entonces por la explotación de las cercanas minas de hierro de Mioño y Ontón. Coincidiendo con esta actividad minera se realizó la construcción de un nuevo dique y se urbanizaron los terrenos próximos a él dando lugar así a la aparición de un ensanche tipo ciudad-jardín, pensado como zona residencial y de veraneo. La tradición de veranear en Castro Urdiales se remonta, pues, a finales del siglo XIX y desde sus orígenes estuvo vinculada a la importante afluencia de visitantes de la vecina Vizcaya.
A pesar de las modificaciones urbanísticas que se produjeron a partir de finales de los años cincuenta, con la llegada de las primeras oleadas de turismo masivo, el viejo núcleo de Castro mantiene cierto sabor en sus estrechas calles de Sn Juan, de Belén, del Horno, del Mar, de Santa María, de Ardigales o de Correría. Algunas de ellas forman hoy parte imprescindible de ese Castro Urdiales dedicado a la gastronomía -del besugo o de sus típicos caracoles- y a esa generalizada costumbre de hacer vida social mientras se visitan establecimientos de bebidas y se degustan sus suculentos y afamados pinchos.
El puerto se encuentra plenamente integrado en el casco urbano; tanto que la propia plaza Mayor se localiza junto al tramo más antiguo de su muelle. Allí, casi mirando al mar, se levanta el Ayuntamiento, cuya edificación de mediados del siglo XVIII fue restaurada en la pasada centuria.
Desde el puerto hasta la punta de Cotolino, que cierra la playa de Brazomar, se extiende el Castro Urdiales más cosmopolita. A pocos metros de la plaza están los jardines de Amestoy, y después, camino de la playa, el moderno paseo marítimo flanqueado por los más modernos edificios de apartamentos que aún se alternan con las pocas viviendas de la antigua ciudad-jardín que han sobrevivido. De aquel modelo expansivo surgido a finales del siglo XIX queda, en el paseo de Menéndez Pelayo, el palacio Toki Eder y el castillo de Ocharán, obras del arquitecto Eladio Laredo.
El actual paseo Marítimo se inicia en el Club Náutico y termina en la playa de Brazomar, que tiene su propio paseo. En la zona norte de la villa, en la ensenada de Urdiales, está la playa de Arenillas.
Entre la ensenada de Urdiales y el puerto de Castro, se eleva el promontorio donde se asentó la Mediavilla o Puebla Vieja y donde se encuentra la iglesia de Santa María y el castillo.
La iglesia de Santa María, la mejor obra gótica de Cantabria, se comenzó en el siglo XIII, casi al mismo tiempo que la catedral de Burgos, y se terminó en el siglo XV; en épocas posteriores se añadieron algunas capillas a la obra original. Está configurada a partir de una planta basilical de tres naves y bella girola, a la que se adosan tres capillas radiales. El proyecto inicial data de 1208 y resulta sorprendente que entonces Castro Urdiales comenzara la edificación de un templo que habría de ajustarse a los criterios de construcción más avanzados de la época. Más sorprendente aún es, quizá, que se hiciera con un resultado tan brillante, pues, a pesar de que las torres pueden resultar demasiado grandes para el conjunto, éste presenta una notable armonía de formas que hacen de Santa María una de las pequeñas joyas del arte gótico español.
Exteriormente, la iglesia ofrece una fachada inconclusa orientada hacia poniente, una esbelta nave central de la que parten los arbotantes dobles hasta los contrafuertes y una bellísima cabecera configurada por la girola. Entre las modificaciones más importantes que ha sufrido el templo deben señalarse como añadidos la capilla de Santa Catalina, adosada a la torre sur y que hoy es el museo parroquial; la capilla cuadrada que, en el siglo XVII, se abrió entre dos de las capillas originales de la girola; la llamada puerta de los Hombres, realizada en el siglo XVIII y auténtico pegote neoclásico; y la capilla de San José, obra del siglo XIX, edificada en el lado norte del crucero.
Además de estos añadidos, la iglesia de Santa María hubo de reforzarse estructuralmente, por problemas de cimentación, con un gran contrafuerte a los píes de la torre sur y, sobre todo en el interior con una serie de arcos que cruzan de lado a lado la nave central para corregir los empujes de sus pilares.
En el interior, la belleza de esta obra gótica queda realzada por el triforio de tracería calada, realizado en el siglo XIV y claramente inspirado en el de la catedral de Burgos.
Junto a Santa María se encuentra el castillo de Castro, que frecuentemente ha sido considerado como una antigua fortaleza de los templarios, aunque no existe evidencia de que fuera tal. Ocupado en la actualidad por el faro de Castro, su mayor interés reside en la sugerente imagen de su silueta junto al bello templo gótico. A sus píes, el aioroso puente de Santa Ana, que comunica el promontorio con el muelle, completa el conjunto de una estampa que es símbolo de Castro Urdiales.
Castro ofrece además unos animadísimos veranos en los que no faltan todo tipo de fiestas, competiciones deportivas y manifestaciones gastronómicas. Entre las fiestas una merece especial comentario por su fama y por su carácter único, el Coso Blanco. Es éste un festejo nocturno en el que carrozas y fuegos artificiales se combinan en un espectáculo en el que, cada 26 de agosto, se vuelcan los castreños.



Castro Urdiales
Puerto y plaza Mayor de Castro Urdiales
Playa de Brazomar
Iglesia de Santa María
Palacio Toki Eder
Puente de Santa Ana
El rompeolas y las vistas de la iglesia de Santa María y el Castillo
Castillo de Castro Urdiales
 
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